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Isabel Muñoz: S.O.S. desde el fondo del mar

Isabel Muñoz: S.O.S. desde el fondo del mar
La fotógrafa Isabel Muñoz, reconocida con un Premio Nacional de Fotografía, quiere "dar voz a ese mar que nos lo da todo y no nos pide nada a cambio" e incide en la necesidad de cuidar los océanos, porque "aún estamos a tiempo".

Isabel Muñoz (Barcelona, 1951), ganadora de dos premios World Press Photo, habla sobre su exposición "El Mar", que se gestó cuando supo lo que estaba ocurriendo en Águilas y se muestra en el marco del Festival Mar de Mares, en A Coruña, del 24 de septiembre al 15 de octubre.

La muestra se compone por doce imágenes de gran tamaño, divididas en dos series, "Agua" (2016) y "Japón" (2020), en las que la artista se sumergió con su cámara en el agua salada para unir en una denuncia dos de sus grandes pasiones: la danza y el submarinismo.

"Hasta hace poco yo no hacía fotos de naturaleza, pero el ser humano (presente de forma constante en su obra) me ha llevado a esa naturaleza de alguna manera", sostiene la también galardonada en PhotoEspaña y distinguida con la Medalla al Mérito de las Bellas Artes.

Su proyecto comenzó, relata, cuando le contaron "lo que estaba pasando en el Mediterráneo", especialmente en la zona de Águilas, donde muchos de los plásticos derivados de los numerosos invernaderos "acaban en el mar".

"Hoy en día, más de un 30 % de la composición de los peces es plástico", asegura Muñoz, que narra que quería contarlo a través de la gente "que vive en contacto con ese problema".

Por ello, en algunas de las seis fotografías de la serie en color "Agua", los bailarines se envuelven en "los plásticos que están en esa parte del mar" y, en otras, con tules rojos, representan a la anémona Spanish Dancer.

Después, tras 25 años deseando trabajar en Japón, Isabel Muñoz llegó al país asiático, donde ha retratado en blanco y negro "la lucha del bien y el mal" aludiendo a la mitología con una historia protagonizada por la diosa solar Amaterasu, que lucha contra su hermano, la oscuridad.

Para su realización, ha contado con la colaboración de Ai Futaki, la documentalista submarina japonesa y récord Guinness de apnea, que ha sorprendido a la fotógrafa por su "forma de llegar a los mamíferos marinos e interactuar con ellos", como si fuera una más.

En febrero de 2020 llegaron a la isla de Hokkaido para sumergirse en ese mar donde los icebergs ahora bajan "resquebrajados" por el calentamiento global y sacar esas fotografías durante la pandemia. Su estancia en Japón se vio interrumpida por esta situación, en la que la artista decidió volver a Madrid, pero confía en regresar a aquel fondo marino.

"El océano es fuente de vida, es como una vuelta al vientre materno", reivindica la fotógrafa, quien confiesa que después del golpe más duro de la pandemia del coronavirus ha necesitado "ese efecto limpiador del mar" al sumergirse, que "tiene un poder curativo".

Por eso adora el submarinismo, una afición que califica de "curiosa", ya que aprendió a bucear "para fotografiar". Ahí ha estado el mayor reto de su trabajo en Japón, porque no sabía si "físicamente" aguantaría tanto tiempo bajo el agua a seis grados bajo cero, admite.

"Tienes que saber cuáles son tus limitaciones y, con esas limitaciones, luchar", abunda Isabel Muñoz, que confirma que seguirá contando historias a través de la imagen para promover el cuidado del medioambiente, al tiempo que insiste en enfatizar: "Todavía estamos a tiempo, no pensemos que ya es tarde". 
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